La agresividad del gato

La conducta agresiva en gatos es una alteración en su comportamiento, que se puede manifestar por diferentes causas, las cuales se pueden tratar para corregir dicha condición, en función de hacer que suavicen un poco su mal carácter.

Un consejo muy importante es no premiar la agresividad de los gatos con caricias o juguetes para calmarlo. Además, es imprescindible evitar el juego violento con las manos, pues siempre es mejor optar por usar juguetes que le permitan a la mascota desarrollar su instinto predador y juguetón. Tampoco se debe castigar físicamente al gato.

¿Son agresivos los gatos bengalíes?

Si estás pensando en un comprar un gato bengalí, pero temes que llegue a desarrollar algún tipo de agresividad, debes saber que esta raza y cualquier otra de los felinos domésticos no suele presentar esta condición, siempre que se les garantice la seguridad y serenidad que requieren para desarrollarse con normalidad.

De hecho, el gato bengalí suele disfrutar mucho la compañía y los mimos de sus propietarios o cuidadores, por lo que suelen ser dóciles, aun cuando en sus genes hay algo de gato silvestre.

Así que puedes adquirir tu gato de bengala con la mayor confianza posible, pues es un compañero perfecto para quienes desean tener una mascota hermosa, independiente, inteligente y cariñosa.

Tipos de agresividad en los gatos y las causas que la motivan

No todos los gatos que presentan un comportamiento agresivo actúan de la misma forma, pues existen diferentes tipos de agresividad, tanto hacia otros gatos como hacia los seres humanos. Esto depende, en gran medida, del tipo de felino que tratamos.

Dentro de los principales tipos de agresividad que desarrollan estos animales, y sus respectivas causas, los que más destacan son los siguientes:

Agresividad intrasexual: Es un tipo de agresividad que se manifiesta generalmente entre los machos, durante la época de celo, provocando peleas violentas que pueden durar mucho tiempo, hasta que uno de los gatos desista ante las amenazas provocadas por su contrincante. Las consecuencias de esto son daños y heridas considerables que exigen curas o asistencia veterinaria.

Agresividad orgánica: Es aquella que se presenta como consecuencia de una enfermedad o cualquier alteración en el organismo y que pueden conllevar al desarrollo de comportamientos violentos por parte del gato.

Dentro de estas condiciones podemos destacar las lesiones en la boca, la enfermedad del tracto urinario interior felino o FLUTD, las lesiones en huesos o músculos provocadas por traumatismos o artritis, algunas condiciones metabólicas como encefalopatía hepática o hipertiroidismo.

Otras situaciones relacionadas con este tipo de agresividad son la presencia de tumores intracraneales, enfermedades neurodegenerativas o neurológicas, virus como el de la inmunodeficiencia felina, así como aquellas enfermedades que suelen provocar un nivel de dolor o molestias considerables en los gatos.

Agresividad por territorio: Los gatos son muy territoriales por naturaleza, por lo que suelen tener una tendencia elevada a cuidar el lugar donde viven de la presencia de otros animales como gatos o perros. Si siente que el lugar está en peligro o que él está amenazado responde agresivamente. En caso de que esta condición se dirija hacia las personas puede ser necesario recurrir a ayuda para evitarlo.

Agresividad por no socializar: Cuando los gatos están entre dos y ocho semanas de vida, atraviesan por un período en el que aprenden el proceso de socialización tanto con otros gatos como con los seres humanos. A esto se le conoce como período sensible y el no cumplirlo de manera adecuada puede conllevar a que sea muy miedoso o agresivo durante la adultez.

Esto no quiere decir que después de las ocho semanas de vida el felino no pueda aprender a socializar, pero puede costarle un poco más que los que sí han estado en contacto con otros animales o personas desde su corta edad.

Agresividad por temor: Este es el tipo de agresividad que se produce como reacción defensiva frente a un posible estímulo que percibe el gato como una amenaza. Este tipo de comportamiento suele dirigirse hacia otro animal o ser humano. Por lo general, suele deberse a castigos, traumas, falta de socialización, entre otros.

Agresividad provocada por juego: En algunas ocasiones, el juego en los gatos puede tener un comportamiento como el de los depredadores, por lo que actúan de manera violenta y tienden a arañar o morder las manos y los pies de las personas que pasan por su lado o que están en movimiento. Esto conlleva a castigos innecesarios, pues incrementan esta condición.

Agresividad redirigida:  Es la agresividad que se presenta en los gatos con mayor frecuencia, la cual se desarrolla cuando el estímulo que le provoca estrés o ansiedad al felino no está a su alcance, por lo que dirige su violencia o agresividad hacia otro animal o persona. Dichos estímulos pueden ser sonidos muy altos, la presencia de alguien desconocido o un niño inquieto que le provoca algo de estrés.

Una vez que un especialista o veterinario identifica que el gato tiene una conducta agresiva, debe comenzar a descartar cualquiera de estas situaciones, a fin de identificar qué es lo que la genera para proponer el mejor tratamiento o terapia para reducirla tanto como sea posible.

Terapias para gatos agresivos

Todos estos tipos de agresividad que te describimos anteriormente tienen una causa específica, por lo que cada gato que presenta esta condición suele requerir un tratamiento diferente, de acuerdo con lo que estimula su violencia. Dentro de los diferentes tratamientos o terapias que existen para ello se encuentran las siguientes:

Uso de feromonas sintéticas: Las feromonas tienen la particularidad de que producen un estado de relajación y bienestar en los gatos, por lo que se usan en gatos que presentan agresividad, resultando muy efectivas para apaciguarlos. Este es un mecanismo no abrasivo ni invasivo, pero bastante seguro para calmar a los felinos.

Terapias de la conducta: Se refiere a una serie de programas de habituación, condicionamiento y desensibilización que lleva a cabo un especialista en materia de etología veterinaria, pues es un profesional capacitado para manejar problemas de conducta en los felinos.

La castración o esterilización: La esterilización de una gata hembra o la castración de un macho es la solución más efectiva que existe para eliminar la agresividad intrasexual cuya conducta se dirige siempre a otros felinos. Esto tiene un grado de efectividad equivalente a un 90%, pues las hormonas de los gatos dejan de provocar la temporada de celo.

Un cambio de ambiente: A veces puede ser necesario cambiar de ambiente al gato porque el entorno en el que se encuentra le estimula de alguna forma la agresividad. En caso de que convivan con otros gatos o perros domésticos, es necesario ampliar las zonas de juego, de descanso y de aseo.

Incluso el área en el que se les coloca el alimento a cada uno de ellos debe delimitarse bien para evitar que se puedan agredir mutuamente.

El uso de fármacos ansiolíticos: Algunos fármacos tienen la propiedad de reducir el estrés y la ansiedad que conlleva a una conducta agresiva en los gatos, los cuales tienen una efectividad bastante elevada para tratar diferentes tipos de agresividad felina.

Reducir los factores que estimulan el estrés: Es importante eliminar todo aquello que pueda provocar la ansiedad y agresividad en los gatos. Si captas qué es lo que genera esta condición en tu felino deshazte de ello para que se sienta mucho mejor.

¿Cómo debemos actuar ante un gato agresivo?

El proceso de socialización de los gatos durante sus primeras semanas de vida es algo fundamental para que no desarrollen comportamientos de agresividad al llegar a la etapa adulta.

Incluso cuando te mudas, es muy importante que la habituación de tu mascota se lleve a cabo de manera progresiva, así como cuando llega otro animal a casa, sea perro o gato, pues esto puede estresarlo un poco.

En caso de que tengas un gato joven que comienza a manifestar agresividad en algún momento, lo más adecuado es no reforzar ese tipo de condutas, por lo que no debes acariciarlo o premiarlo para que se calme después de un episodio agresivo.

A la hora de estimular a tu gato para que juegue, usa juguetes, no tus manos, pues su conducta predadora natural puede hacer que te lastime al arañarte o morderte como parte de su juego.

Un punto muy importante es que no debes castigar físicamente a tu gato, por lo que al ponerse agresivo es mejor que lo rocíes con un poco de agua o interrumpas la interacción que tienes con él. De esa manera entenderá que su comportamiento no es adecuado. Los castigos solo harán que se moleste más.

Si ves que tu gato está presentando síntomas de agresividad, intenta identificar rápidamente la causa de esto y aplica las medidas que sean necesarias para evitarlo.

En caso de que no captes qué causa esto, lo más adecuado es asistir al veterinario para que haga un examen físico completo de tu mascota y te indique el mejor tratamiento para reducir los niveles de estrés que le provocan esa agresividad.